La sexualidad de los pescadores

Hace mucho tiempo que quedó picando en mi mente, cuando las mujeres se quejaban y aun lo hacen, de la soledad que sentían cuando los hombres se van de pesca muy seguido, no siendo tema menor el de la caza; ellas sienten una especie de sentimientos encontrados, a veces con la imposibilidad de ir, a otras por lo general no les gusta, y la mayoría de las veces, lamentablemente van todos hombres, haciendo imposible, por más que deseen ir, no poder hacerlo. Casi siempre son los fines de semana, que antes eran cortos, pero en la actualidad, con estos fin de semanas largos, que si bien cubren las expectativas de casi 40 millones de argentinos, dejan a 40 millones como espectadores, dando mi perspectiva política, donde se implementa un sistema europeo que creo no va con nuestro país. Pero volviendo al tema; tras las obligaciones laborales, profesionales o de lo que fuese, es difícil y a veces para coordinar el tiempo libre, que es lo que necesita la vida sexual, es parte del trípode, el tiempo, el deseo y la atracción, para tener plenitud sexual y desaprovechan, si bien dejando de lado la genitalidad, que nos libera de tenciones, y aquí está el placer ya, con el poquito tiempo que tienen, dejan de lado la riqueza que da, si a esto le damos tiempo y es necesario que este en la pareja, pero existe la tendencia, como si les hubiese quedado un resabio de adolescencia perenne, donde existe el placer de la homosexualidad ampliada, sin que haya en si relación carnal, pero si el placer psicológico de estar hombres con hombres; y puede no gustar, pero esta es la realidad; sin ir más lejos tenemos el ejemplo de los boliches bailables, donde se observa a los hombres en grupo, libando alcohol con el vaso en la mano y las mujeres bailando juntas en la pista, y haciendo esto parte de la diversión.

Volviendo a la sexualidad y la pesca, por lo general y hablando del sexo en si con las mujeres, salvo raras excepciones, son eyaculadores precoces, que no tiene nada que ver con la edad, pero para los que están en pareja, el irse, es una buena excusa y lo que es peor a veces se genera una situación de desconfianza y la mujer queda atrapada y sin salida, con sus hijos, obligaciones culinarias, su trabajo, a su vez esta situación de sumisión en un tiempo relativo para luego provocar una estampida y aquí los hombres quedan desconcertados y llegan a decir “ yo no hice más que buscar un poco de tranquilidad” sin pensar que hay un gran egocentrismo que está siempre presente en toda sociedad.

Y por último se pierde la oportunidad de resolver problemas sexuales y al fin lo de la pesca en sí, porque a la vejez se rompe el grupo y el hombre se queda sin el pan y sin la torta.

Dr. Daniel Fanesi

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