Denunciarán al Arzobispo Hector Aguer

August 31, 2016

 

Quiero hacer mi aporte sobre lo manifestado por el Arzobispo Héctor Aguer, lo que es una repetición más del pensamiento y sentir atrofiado y distorsionado de esta clase de personas, que tal vez se sientan identificadas con las expresiones de este señor. Sin renegar con la esencia de Cristo, que si estuviera en este mundo quizá no adheriría a esto, pero lamentablemente estos seres no lo respetan por mas envestiduras que tengan, envestiduras que no usan para esclarecer sino para echar sombra a temas sexuales que lamentablemente no entienden porque no han trabajado sobre sus mentes y pulsiones sexuales, con expresiones biológicas y psicológicas. Llega a las religiones como una manera de poner freno a sus propios impulsos, la experiencia profesional de mis trabajos psicológicos sobre diferentes religiones y sobre el aspecto sexual, no les alcanza para solucionar un problema esencialmente humano; y tratándose de esto, en vez de ponerse a la altura de las circunstancias, reflotan ideas represivas generando rechazo masivo de diferentes entes afectados por esta situación.

Si cada uno de nosotros nos hiciéramos cargo de nuestros propios problemas, podríamos tener una idea comprensiva y seriamos mucho más tolerantes y a partir de este punto podríamos tener una actitud más convincente. Si bien yo utilizo herramientas psiquiátricas, psicológicas y sexológicas, los invito, a los que no, solo a tener sentido común.

 

 

Adjunto artículo

 

La comunidad homosexual ira al INADI.

Denunciarán a Aguer por “alentar a la homofobia”

 

La Comunidad Homosexual Argentina (CHA) denunciara al arzobispo de La Plata, Héctor Aguer, por “alentar a la homofobia” luego de sus dichos públicos contra la homosexualidad y califico de “`preocupantes” esas afirmaciones.

“estas declaraciones alimentan sentimientos homofóbicos”, dijo el presidente de la CHA, Cesar Cigliutti, al tiempo que advirtió que presentaran una denuncia ante el Instituto Nacional Contra la Discriminación, La Xenofobia y el Racismo. Por su parte, Monseñor Aguer volvió a generar polémica ayer, al asegurar que “la masturbación es animaloide” y que “un homosexual para vivir en la gracia de Dios debe ser casto”.

El arzobispo platense volvió a incurrir en provocaciones al realizar un nuevo cuestionamiento del “petting” por su carácter exhibicionista, apenas 3 días después de que criticara la “cultura fornicaria” actual y la secretaria de Derechos Humanos pidiera rechazar sus afirmaciones por “autoritarias” y “discriminatorias”. “La masturbación es animaloide, evidentemente”, sostuvo Aguer y enfatizo que “un homosexual para vivir en la gracia de Dios debe ser casto”, pero no lo estoy inventando yo, es el catecismo de La Iglesia Católica.

Cogliutti advirtió que “esas afirmaciones públicas son preocupantes, porque son las que más discriminación y consecuencias violentas provocan en nuestra comunidad”, y lamento la “poca autocritica de Aguer con su institución “al subrayar que en los últimos días se conocieron “al menos 5 denuncias contra sacerdotes por abusos sexuales a menores de edad”.

Aguer también objeto ayer la actitud del secretario del Derechos Humano, Claudio Avruj, quien pidió rechazar su posición “autoritaria” y “discriminadora”, al pedirle al funcionario que piense “un poco como va a salvar la libertad de expresión y la libertad de la Iglesia, que están amparadas por textos constitucionales”. La polémica se desato el martes pasado tras la publicación de una columna en el diario El Día, donde el prelado se refería a “la banalización del sexo”, al “petting” y cuestionaba la distribución de preservativos entre los participantes de, los Juegos Olímpicos, entre otras cuestiones.

 

Antes de compartir el artículo anterior, por una situación fortuita lo habíamos extraviado y en el interín, Andrea, mi secretaria trato de encontrarlo en internet y encontró el escrito completo titulado La Fornicación, publicado en el diario El Día, escrito por Monseñor Aguer. Tamaña fue la sorpresa de ambos cuando leímos el texto completo.

Si bien no tengo una actitud de no discriminar, por mi formación, pero tampoco apoyo que la comunidad homosexual quiera involucrar a todos los demás en sus orientaciones.

Salvo algunas observaciones serias, el arzobispo tiene conceptos acertados y yo como sexólogo, en un sentido profesional tengo que lidiar con todos esos desaciertos que tienen las interrelaciones humanas, sobre todo en el plano sexual.

En cierta forma y salvo algunas opiniones distintas, apoyo lo escrito por Aguer e invito a todos a leer el texto que adjunto completo.

Aprendamos a ser justos y equilibrados; no hacer de nuestras diferencias fuente de toda razón. Sería como confundir las raíces del árbol con el follaje de las ramas.

 

Artículo completo

 

La fornicación

 

Por HECTOR AGUER (*)

 

Encabezo deliberadamente esta nota con un título chocante; lo es porque la palabra empleada ha caído en desuso y puede causar extrañeza. No cito la definición del catecismo sino la del diccionario: “tener ayuntamiento o cópula carnal fuera del matrimonio”. Este vicio se ha convertido en algo trivial, común, insustancial. Lo llamo vicio porque el diccionario define “fornicario: que tiene el vicio de fornicar”. Él o ella en principio, aunque hoydía la “igualdad de género” permite otras combinaciones, antinaturales.

Indico dos ejemplos de banalización. En la Sección Espectáculos de EL DIA se puede seguir una crónica diaria de la fornicación en el mundo de la farándula; hay records notables de señoritas (no estoy seguro de que sea ésta la identificación que corresponde) que cambian de “novio” cinco o seis veces al año; se supone que no se reúnen con ellos a leer la Biblia. Antes, a estos comportamientos y a las personas que los practicaban se les aplicaban otros nombres. Se puede pensar que son casos extremos, que se exhiben en un escaparate para suscitar envidia y la ilusión de llegar a imitarlos. Escándalo, como se lo llamaba antaño: inducir a otro al mal, más intenso cuando la conducta desviada es promovida como una moda. La superficialidad de esos casos resulta irrisoria: escarceos, idas y vueltas, traiciones y arrepentimientos, cada tanto algún rumor de embarazo que no se confirma. La protagonista innombrada, por supuesto, es siempre la cama. Felizmente, la mayor parte de la gente no tiene tiempo ni plata para gastar en esas placenteras ociosidades. Pero el mal ejemplo cunde, fascina, lo anormal se puede ir convirtiendo en deseable primero, luego en moralmente neutro y finalmente en normal. “Lo hacen todos”, ese es el lema.

SEXO EN LOS JUEGOS OLIMPICOS

El segundo ejemplo prometido procede de los Juegos Olímpicos. El Ministerio de Salud de Brasil envió a Río de Janeiro nueve millones de profilácticos, 450.000 destinados a la Villa de los Atletas, donde se hospedaban 10.500 deportistas de todo el mundo, más los técnicos. La prensa brasileña hizo un cálculo: 42 condones por cada atleta, teniendo en cuenta los 17 días de duración de las competencias. La preparación para las mismas impone, como es lógico, la abstinencia, pero después de cada competición; ¡a coger atléticamente! No se asuste el lector por el uso de este verbo, no incurro en una grosería impropia de un obispo. El Diccionario de la Academia, en la acepción 24 del término señala que es un vulgarismo americano: “realizar el acto sexual”; pero en la acepción 19 define: “cubrir el macho a la hembra”; aquí entonces aparece en el significado de la palabra un matiz de animalidad. Quiero decir en consecuencia que la cultura fornicaria que se va extendiendo sin escrúpulo alguno es un signo de deshumanización, no es propia de mujeres y varones como deben ser según su condición personal. Algo de no humano, de animaloide aparecería en esa conducta.

La deshumanización del eros, que por su propia naturaleza es carnal y espiritual, comienza por el descarte del pudor, de la honestidad, de la modestia, del recato. En estos valores cifra la plena humanidad de la actuación sexual, que no se exhibe obscenamente, ni en sus preparaciones. Pienso en el “petting” descontrolado en lugares públicos. Valga una muestra del impudor hodierno: los “trajes” de baño femeninos que se reducen a tres trocitos simbólicos de tela; ¿no sería más sincero que en la playa o la pileta se presentasen desnudas? No cargo la cuenta sobre el bello sexo; era tradicional que el varón tomara la iniciativa, y lo hace muchas veces abusando de su vigor, aunque las artes de la seducción no le sean ajenas, ahora desplegando instrumentos cosméticos, gimnásticos y hasta quirúrgicos. Por no hablar del cine, la televisión y las series de internet; a la pornografía la camuflan verbalmente hablando de “escenas fuertes”.

LIBERTAD LUCIDA

La banalización que he señalado implica asimismo una confusión fatal acerca del amor: no es éste una mera efusión sentimental, ni la sola atracción física, sino especial y esencialmente un acto electivo de la voluntad, en el que se ejercita en pleno la libertad, una libertad lúcida, consciente, una decisión de permanencia que aquieta para siempre en el bien amado. La seducción de la belleza, por cierto, cumple su papel -Platón asociaba sabiamente belleza y eros- en el conjunto de la elección personal. Lo propiamente humano es que tal decisión electiva sea para siempre, como signo de madurez, preparada en una educación para el respeto mutuo, la amistad sin fingimiento, la disposición a afrontar juntos -él y ella- las dificultades de la vida tanto como las infaltables alegrías. Entonces cobra sentido la unión sexual de un varón y una mujer.

En el contexto de una recta antropología, de una idea completa del ser humano en la que se asume su realidad biológica y psicológica, es fácil comprender que el acto sexual tiene una doble finalidad: es unitivo y procreativo. El gesto de la unión corporal acompaña, ratifica e incentiva la unión de las almas. La fornicación lo convierte en una gimnasia superficial y provisoria, propia de parejas desparejas, sin el compromiso de por vida que integra la expresión sexual en el conjunto de la convivencia matrimonial, con la apertura a los hijos. Una señal alarmante de deshumanización se manifiesta en el lenguaje: novio-novia, ex novio- ex novia, pareja-ex pareja, ya no marido y mujer, esposo y esposa; aquello debe llamarse, en realidad, concubinato. Las consecuencias personales y sociales se pueden percibir en la orfandad afectiva –e incluso efectiva- de tantos niños y adolescentes y la cantidad superior de abusos que se registra precisamente en el interior de esas formas de “rejunte”, que no son verdaderas familias. Además la generalización de las relaciones sexuales entre adolescentes no permite augurar nada bueno. Comienza cada vez más temprano la banalización del sexo.

La finalidad procreativa del acto sexual es frecuentemente bloqueada, de modo expreso, intencional, en las fornicaciones ocasionales, pero también en la convivencia marital. El negocio de los anticonceptivos ha ocultado la sabia disposición de la naturaleza, que ordena en la mujer los ritmos de fertilidad. Todo ha sido bien hecho por el Creador, y el capricho humano se niega a utilizarlo, lo burla a su placer. La misma etimología lo esclarece de manera indiscutible: “genital”, “generación”, “génesis” integran una familia de palabras; en griego, en latín y en castellano: los órganos genitales y su uso sirven para dar origen a un nuevo ser.

Existe además –no lo olvidemos- la fornicación “contra naturam”, ahora avalada por las leyes inicuas que han destruído la realidad natural del matrimonio y que se fundan en la negación del concepto mismo de naturaleza y de la noción de ley natural. La razón comprende que el cuerpo del varón y el de la mujer se ensamblan complementariamente porque están hechos el uno para el otro; y también sus almas. La discriminación de los antidiscriminadores ha llegado a límites inconcebibles, como el de negar el derecho de los niños a ser criados y educados por un padre y una madre; así se ha visto en la entrega en adopción de niños a “matrimonios igualitarios”. Los enciclopedistas anticatólicos del siglo XVIII se horrorizarían de semejante atentado a la razón.

CULTURA DEL DESENFRENO

El laborioso remedio de una cultura fornicaria, del desenfreno, “akolasía” como lo llama Aristóteles, es la “sofrosyne”, la templanza, según el mismo Filósofo lo explicaba en el Libro III de su Ética a Nicómaco varios siglos antes de Cristo. Para nosotros, cristianos, a la destemplanza del incontinente la sana una especie concretísima de la templanza que se llama castidad. Aquel gran pensador observaba que hay algo de infantil, por la irreflexión, en el desenfreno, en la intemperancia; y añadía además que “se da en nosotros no en cuanto somos hombres, sino en cuanto animales”. Lo propiamente humano es que la potencia sexual y su actuación se integren armoniosamente a la riqueza de la personalidad, y que ese ejercicio se desarrolle en el orden familiar. Es éste el logro de la virtud.

Tengo pleno respeto por las personas concernidas en todo lo que he dicho, y comprendo con cercanía y afecto sus conflictos, pero no puedo dejar de proclamar la verdad. Mal que le pese al INADI, si se entera.

 

(*) Arzobispo de La Plata
Académico de Número de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas

 

 

 

 

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