Nenes y nenas: romper con machismos y estereotipos desde los primeros años


La dicotomía entre nenas y nenes, haciendo eco de este articulo que adjunto, el cual esta enfocado de manera inteligente y tema que repercute en la sexualidad desde el momento mismo de la pre pubertad, pubertad, adolescencia temprana o tardía y hasta en la cuarta edad, de la que he hablado en otros artículos, generando una confrontación de roles y repercutiendo negativamente en los varones con todo tipo de sintomatología, desde el problema de la iniciación, tan importante para la posterior vida sexual sana y este tema es muy común en mi consultorio y lo mismo sucede en la mujeres que se sienten disminuidas y relegadas por esta división, que habla el articulo.

Los problemas sexuales tienen que ver con los orígenes de la sexualidad, por eso se hace esencial la terapia psicológica especifica para resolver los conflictos sexuales y muy en segundo lugar están los fármacos que si bien son útiles en el inicio de los tratamientos para aliviar la ansiedad y la angustia del momento, pero se necesita un trabajo de 3, 6 ,12 o 18 meses, considerando las terapias breves con enfoque sexual.

Edición Anterior: 13 de Noviembre de 2016

EDICIÓN IMPRESA // LA CIUDAD

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Prejuicios, estigmas y temas silenciados. Testimonios de madres, chicos y profesionales

Nenes y nenas: romper con machismos y estereotipos desde los primeros años

Hay muchos estereotipos por romper en el largo camino de la igualdad de géneros. Modelos impuestos desde los juguetes y las canciones. La tajante división entre rosa y celeste, muñecas y pelotas. La escuela, los deseos, los espejos familiares y las construcciones culturales. Un trabajo arduo desde los primeros años de vida.

Estereotipos: las nenas deben jugar con muñecas y no con pelotas o autitos.

Claudia Rafael crafael@elpopular.com.ar Mili tiene 13 años y lo que más ama en la vida es jugar al fútbol. Demasiadas veces por detrás escucha voces que la ubican en el lugar de "machona". No le importa, si puede seguir ejerciendo esa libertad de atajar la pelota que viene ensayando desde que sus hermanas y las amiguitas del barrio le insistían, en vano, con jugar a las barbies. Ariel, desde sus 15, está acostumbrado a ciertas miradas que lo ubican en el lugar de "rarito". "Cuando me han dicho cosas como ‘marica’, me da lástima, pena. No por mí, sino por los demás. Por pensar ‘pobre persona’. Porque creo que una de las principales cosas para estar bien es no tener que decirle nada a nadie. Si vos estás bien con vos mismo, también estás bien con los demás, aunque no concuerdes con algunas cosas", dijo a EL POPULAR. A él, al revés que a Mili, le encantaban las muñecas desde siempre. A los 3, 4 ó 5 era una fiesta estar un rato en una juguetería delante de las góndolas de las muñecas. A Mili le gustan los varones. A Ariel, también. Las marchas #niunamenos, los debates sobre violencia de géneros, los feminicidios y la aprobación de leyes igualitarias necesariamente llevan a debate temas silenciados o guardados prolijamente (o no tanto) bajo la alfombra o escondidos dentro del placard. Hay una enorme cuota de camino recorrido socialmente pero es más extenso aún el trecho que queda por recorrer. Para poner fin a un modelo social patriarcal que va moldeando desde la edad más temprana a las personas; para terminar con estereotipos, violencias, prejuicios e identidades vividas en el ostracismo. Alejandra Capriata es pediatra. Pero también lleva adelante, a nivel privado, un espacio de terapia familiar para ayudar a padres e hijos en el recorrido de fortalecimiento, acompañamiento y aceptación de un deseo que no necesariamente se corresponde con el sexo biológico. "Cuando desde chiquito te van metiendo en la cabeza que sos el varoncito que no tiene que llorar, que las nenas juegan a una cosa y vos a otra, que tenés que cumplir con las conductas esperadas, se va armando un castillo de naipes. Es toda una construcción que hace que el chico vaya armando su psiquismo con esos aderezos", planteó a este diario. "Cuando uno cría un chico desde otro lugar, atribuyendo otro tipo de funciones, queda muy a las claras que la construcción de género es más social que otra cosa: por identificación, por educación, por costumbre, por cultura, a través del estereotipo de roles". Un elemento clave suele ser el de los juegos. Florencia Caro, mamá y militante del Frente Ni Una Menos, aportó que "la mirada desde la propia industria del juego sigue siendo el modelo de mujer pasiva abocada a la casa y el hombre fuerte que debe salir a tirotearse con los malos". Y en ese sentido, advirtió que "el mundo del juego para los chicos es todo, en él se proyectan y crean espacios donde pueden ser otros. Para el último día del niño salí a buscar algo para mi hijo (con el que trabajamos en casa muchísimo sobre el tema), y, parece mentira pero aún se sigue ofreciendo el set ideal para la niña de palita y escoba, cocina y vajilla, bebés, etc.". Marcela País Andrade, socióloga y técnica nacional en recreación, escribió en "Educación en géneros para infancias más libres" que "el juego y los juguetes han sido prácticas e instrumentos fundamentales en la construcción de identidad de los seres humanos desde que tenemos memoria social". La histórica marca cultural del nene-héroe y nena-princesa, nene-pelota y nena-muñeca, nene-guardapolvos cuadrillé celeste y nena-guardapolvos cuadrillé rosa, nene-fuerte y nena-frágil ubican en un lugar que -a pesar de los diez años transcurridos desde la promulgación de la Ley de Educación Sexual Integral- sigue reproduciendo un modelo patriarcal. María Eugenia Iturralde -Frente Ni una menos, APDH, mamá- analizó que "los jardines privados tienen uniforme unificado. En los públicos, no te lo exigen pero no expondría a un hijo a llevar un guardapolvo rosa. Tampoco podes exigir que lleven verde, porque en público se lleva lo que se puede. Mi hijo dice que, en el jardín, las seños no le prohibían jugar con muñecas pero que las muñecas son de las nenas porque lo dicen sus compañeros. Me parece que no hay prohibición, pero tampoco se problematiza ni se incentiva la innovación". Mandatos Andrea tiene 47 años y dos hijas de 12 y 14. "Creo que si bien hoy persisten las etiquetas, parecería que se han flexibilizado algunos estereotipos muy marcados que teníamos hace, por ejemplo, 30 ó 40 años. Con mis hijas puedo tener charlas profundas. El otro día, la más chiquita me contó que tuvieron una clase de educación sexual y que hicieron preguntas anónimas. Que ella preguntó cuándo se podía tener la primera relación sexual y ahí nomás aprovechamos para abordar el tema y lo volvimos a retomar al día siguiente porque se había quedado con dudas", relató. Y a pesar de reconocer haber tenido siempre un vínculo cálido y cercano con su propia madre, "no recuerdo haber mantenido estos diálogos a los 12". La mayor, por su lado, "me comentó que una de sus amigas estaba muy mal porque le había confiado que le gustaban las chicas y se lo había dicho a su mamá que no había sabido comprenderla. Reconozco que semejante revelación primero me dejó muda… aunque intenté reacomodarme sin que ella lo notara y traté de que la charla fluyera. Entonces pudimos hablar de cómo se sentía su amiga, de lo que pensaba ella, si a ella le gustaban los chicos o las chicas y de cómo la mayoría de sus compañeros respetaban a su amiga. Poco después me comentó que una de las pibas había bardeado a su amiga ‘contando’ que le gustaban las chicas y que todos los compañeros salieron en su defensa". Ser mujer Celeste es estudiante terciaria, tiene 23 años y un hijo de dos años y medio. "Hace poco se quería comprar a toda costa unas chatitas plateadas. Una se queda pensando. Y por ahí buscás alguna excusa, más allá de que las chatitas en sí no fueran un buen calzado, para evitar que lo gasten en el jardín. Porque sabés que hay estereotipos muy marcados". Junto a ella, su amiga Carolina, mamá de Francesco, de cinco años, contó a este diario que "Fran tenía el pelo súper largo. Casi por la cintura. Todos creían que era una nena. Y la gente no nos creía ni a nosotros como padres ni a él mismo. Francesco, a partir de todo esto, se quiso cortar el pelo cuando unos nenes lo molestaban mucho por eso". Carolina es artesana y "hago sobres para las cosas que vendo en ferias con revistas que me dan que, en muchos casos son de modas, donde hay chicas con vestidos. Francesco mirando las revistas decía ‘qué lindos vestidos’, ‘qué lindas estas chicas’. ‘Yo cuando sea grande quiero ser mujer’. Y el padre le contestó ‘cuando seas grande vas a poder ser lo que quieras’. Y se quedó re contento porque se iba a poder poner esos vestidos". Ariel, desde sus 15, contó a este diario que cuando rondaba la edad de Francesco "me encantaba jugar con muñecas y no prestaba atención a lo que les pasaba a los demás. Y mis compañeros tampoco. Después sí, a eso de los 9 años, me empezaron a ver diferente y me preguntaban ‘¿vos jugabas con muñecas?’". En ese tiempo la mirada familiar no era tan contemplativa y recuerda los enojos exacerbados. "Uno piensa que gente como mi papá, por ejemplo, en algún momento, va a dejar generacionalmente de tirar su mierda a las generaciones que vienen y que el machismo se va a cortar en algún punto. Pero cuando uno ve, como vi el otro día, a un nene de 5 que le decía a la hermana que no le podía dar la hamaca porque él era hombre. O el sobrinito de una chica que tiene 3 y no quería comer helado rosa porque era de nenas… Entonces todo es muy triste. Pero al mismo tiempo pienso que mi papá es de una manera y yo no, yo pude romper con todo eso. A pesar de que cuando era chico por ahí decía esas mismas cosas porque las repetía. Pero después las pude cambiar". Para él, "entre los chicos de mi edad es muy fuerte el machismo. Si una chica tiene relaciones, ya es una puta. Si una chica pesa más de tantos kilos, no puede ponerse calzas y, prácticamente, debería ser ilegal. Si hay una charla, como hubo el otro día en mi escuela, sobre el crimen de Lucía, eran todas mujeres menos yo". En ese punto, María Eugenia Iturralde detectó que "muchas veces resulta llamativo que hay adolescentes que usan un perfil de face compartido. Por ejemplo, me han mandado solicitud de amistad, acepto, y cuando están de novio cambian el nombre y me aparece el nombre de una chica y de un chico". También "hay casos -agregó- en que los varones señalan que desde que están de novio ‘se rescataron’. A lo que les digo que estaría bueno que ‘se rescaten’ por ellos, no por la novia. De ese modo, parece que la novia es la responsable de un modo de vida más sano y si la novia mañana decide romper el vínculo también se transforma en la responsable del desorden". Es mucho el camino por desandar. Florencia Caro aportó que "desde lo lúdico se puede hacer mucho. Como nos programaron a nosotros cantando canciones como la farolera o el arroz con leche, hay mucho para cambiar, con las mismas herramientas metodológicas, para sembrar otros conceptos en los pibes. Pero desde las escuelas, siguen mandando cuentos de princesas para leer. Y en los actos de las fechas patrias, los niños son los protagonistas que personifican héroes y las niñas, las mujeres que confeccionan los trajes. Y ahí sufren ellos y ellas. Porque hay algunos nenes, por ejemplo, a los que les gusta pintarse las uñas, jugar a la casita o no les gusta jugar al fútbol. Y que no tienen prurito en llorar cuando lo sienten. Y son los propios pares los que le pasan la factura. Porque ellos mismos tienen ya muchas veces incorporado desde casa los mandatos patriarcales de cómo hay que comportarse, a qué hay que jugar y qué cosas te deben gustar para ser ‘hombre’". Y, en ese sentido, valdría la pena pensar -como plantea Cecilia Merchán, especialista en géneros- que "no podremos transmitir a nuestros niños y niñas nuevas formas de relacionarnos si no podemos desnaturalizar nuestras propias prácticas". Alejandra Capriata, pediatra / Deseos y aceptación Alejandra Capriata analizó -en diálogo con EL POPULAR- que "hay una construcción de roles de género desde muy chiquitos. Y el que se sale de los parámetros establecidos termina siendo estigmatizado. Sos ‘el marica’, sos ‘el cagón’, sos la machona. Los padres, a su vez, van mostrando un espejo donde verse. En educación es algo que no está anclado y en las familias menos. Se van acomodando como pueden". Como pediatra "las situaciones que pude ver fueron de negación absoluta. Cuando quise introducir la idea de ver cómo acompañar a un chico que mostraba claramente su orientación sexual, el tema fue negado de plano. Una trata de meter ideas como para que los padres puedan acompañar a los chicos en este camino para que puedan fortalecerlos como personas, para que puedan afrontar lo social. Son cuestiones que se perciben en la primera infancia, entre los 4 y 5. Y al principio, los padres corrigen. No lo pueden acompañar. Entonces, va más adelante la legislación que las prácticas sociales. Porque los derechos hay que anclarlos en territorio y ése ya es un laburo de toda la comunidad en todos sus niveles". El rol de los adultos "es crucial". Porque el chico "puede no identificarse con el sexo biológico que tiene. Desear distinto. Y es ésa la garantía de derechos que uno tiene que tener como médico, como educador, como acompañante del chico. Cuando empieza la represión empieza la patología. Cuando hay un deseo que está siendo bloqueado por autobloqueo, por vergüenza o por deseo del afuera se genera mucha frustración, mucha patología, mucha angustia, mucha tristeza. Y cada uno lidia como puede. Cuando, en cambio, los padres aceptan ese deseo que se va viendo en los 4, 5 años y los acompañan en ese camino, el costo psicológico va a ser mucho menor. Por el simple hecho de que sus padres lo están aceptando. Que es lo primero que busca un chico o una chica. Cuando aparece ese deseo y ve que los padres no lo aprueban, lo que siente el chico es una sensación de deslealtad hacia sus padres. Y aparecen el prejuicio, el miedo, el rechazo". Claudia Lajud, inspectora / Desde la escuela Claudia Lajud es antropóloga e inspectora de Psicología Comunitaria y Pedagogía Social distrital. A diez años de la Ley de Educación Sexual Integral está convencida de los avances que hubo. Pero -planteó a EL POPULAR- "persisten núcleos duros de conmover. La escuela y las y los docentes, aún responden a un modelo de institucionalidad heteronormativa que reproduce en las prácticas cotidianas, un modelo que deja por fuera mucha experiencia social desperdiciada y, en el hacer, produce presencias y también ausencias". En esa línea advierte que se siguen remarcando "la ropa, la letra prolija, las actitudes de niñas y niños, las princesas y los héroes. ‘Tenés letra de nena o te comportás como una machona’, son expresiones que aún ganan el escenario escolar. Como también prima un ideal de familia que ni siquiera pueden sostener las y los docentes. Sin embargo, cuando se alude a la familia se espera que ésta sea ‘mamá, papá y sus hijas e hijos’. Creo que la escuela sigue desperdiciando la experiencia social cercana de las múltiples formas de experimentar, sentir y construir de una familia". A su juicio, el modo de romper con esas prácticas es el de "disputar concepciones y tensionando cotidianamente las prácticas docentes e institucionales. Rompiendo con agendas políticas que coloquen en primer lugar la formación docente y cuyos contenidos vayan en este sentido. En 2015 propusimos una guía de abordaje para la diversidad sexual e identidad de género en las instituciones educativas de la provincia, con aportes de numerosas organizaciones sociales, que suponía un trabajo específico de capacitación y formación inicial de las y los docentes. Pero hoy está congelada en la página del ABC Educativo". Para Lajud, otra de las claves está en ver a chicos y chicas como "actores sociales y no como consentidores o ejecutores del plan adulto. Las y los niños están en las instituciones pero muchas veces excluidos del pacto social institucional. Aun así entiendo que la escuela, conmovida por la experiencia social, es una de las pocas instituciones que puede detener la génesis homogeneizadora que le dio fundamento y origen".

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